Un inmigrante que llegó en patera a España «pide ayudas» teniendo un iPhone y un buen reloj en sus manos

Impactante documento gráfico el que publicó el pasado 4 de julio el diario digital cordobés ‘Cordópolis’.

En un artículo en el que se hacían eco de la situación en la que se encontraban el medio centenar de inmigrantes que llegaron a España en pateras, uno de los inmigrantes que llegó, pidió «ayuda» pese a tener un buen iPhone y un reloj, aparentemente de calidad, en sus manos.

El inmigrante en cuestión se llama Yanouh Fabrice, que aseguró huir de la guerra de Camerún, afirmando que allí se dedicaba a la venta de productos de segunda mano: «Tengo miedo a que me maten», dijo al diario cordobés.

Como se puede ver en la foto, Yanouh Fabrice posa con un buen móvil, un iPhone y un reloj que no tiene pinta de ser barato, pese a ello, no duda en afirmar «necesitar ayuda», es decir, pagas que son entregadas por el Estado con el dinero de todos los españoles.

Es habitual escuchar a formaciones políticas como PSOE, Podemos e Izquierda Unida decir que los inmigrantes ilegales que llegan a España, lo hacen famélicos, pasando penurias y sin los recursos necesarios para vivir bien en sus países, pero por ejemplo, a Yanouh Fabrice no le falta el iPhone y el buen reloj de muñeca.

No hay que olvidar, que algunos de los inmigrantes del ‘Aquarius’ que llegaron a Valencia, pagaron chupitos con billetes de cien euros.

Redacción CasoAislado
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2 COMENTARIOS

  1. Seguirán viniendo a millones mientras les abramos las puertas y nos hagamos cargo de ellos como pensionistas de por vida. Tenemos que hacer como los australianos y su ley -No Way- por la cual no entra nadie ilegal en el país, ni pequeño ni grande, ni rico ni pobre, ni culto ni inculto. No se permite que entre ninguna patera ni barco ilegal. Ellos han conseguido cero ahogados en 2017, porque ya saben que de ningún modo van a poder entrar.
    Muchos de los que vienen son los ricos de sus pueblos, pero como llegan indocumentados para que no les expulsen, no se puede demostrar. Les vemos paseando con sus móviles y buena ropa, por nuestros barrios a diario, mientras nosotros vamos a trabajar para no tener siquiera asegurada una pensión de jubilación.

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