Ninguna localidad de Madrid quiere acoger a los menores marroquíes al considerarlos un peligro

Las localidades madrileñas no quieren a los menas.

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Los menores extranjeros no acompañados suponen un verdadero reto y un problema de seguridad mayúsculo para aquellos municipios donde se encuentran internados. Los centros donde se encuentran ahora mismo por toda la geografía española están desbordados. En varios de estos centros incluso hay menores durmiendo en el suelo, ante la situación de hacinamiento a la que se enfrentan. 

Muchos de estos menores, de los que nadie se preocupa, se escapan de la noche a la mañana, y nadie más vuelve a preguntar por ellos. Ni siquiera la policía se encarga de buscarlos. Tan solo si las autoridades les piden la documentación por la comisión o la sospecha de algún delito terminan de vuelta en otro centro, ya que ninguno tiene papeles.

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Además, gran parte de los que dicen ser menores indocumentados resultan no serlo. Simplemente les interesa, ya que el Estado pone a su disposición jugosas ayudas. De comprobarlo se encarga la Fiscalía de Menores. La realización de distintas pruebas médicas termina por determinar su edad en base a su grado de maduración ósea o examinando su dentadura. Una vez que se confirma su edad, pasan a ser tutelados por la Administración, que les reubica en centros específicos.

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Debido a la saturación del sistema, la Comunidad de Madrid está buscando nuevos lugares donde acoger a estos menas, pero se están encontrando con la negativa de los ayuntamientos, que no quieren ver como sus niveles de delincuencia suben peligrosamente. Como ejemplo de a que nos referimos, veamos el caso del centro de Hortaleza. Actualmente acoge a casi 800 menas, y el parque que se encuentra junto a esta institución se encuentra a todas horas plagado de ellos, ya que en el centro les permiten su entrada y salida con absoluta libertad.

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Situación de miedo entre los vecinos

Se reparten los bancos prácticamente a diario. Los vecinos de la zona los llaman “La banda del pegamento”, por que aunque vayan cambiando las caras, mantienen las mismas costumbres. Y muchos se pasan el día inhalando pegamento. Son jóvenes sin oficio ni beneficio que tienen un día a día de lo más monótono, y convierten en peligrosa cualquier incursión en su territorio, ya que se junta lo ociosos que están, con su falta de dinero, una mezcla muy peligrosa. Los menas que terminan en comisaría por la comisión de hurtos y robos con violencia cada vez son más. 

Pagamos su factura por todos lados

Además estos delitos que cometen los menas los pagamos todos, ya que al ser menores y carecer de tutor legal, son los responsables de los centros donde se encuentran internos quienes responden ante ellos, y por tanto, quienes abonan las indemnizaciones tras las denuncias de los vecinos son las mismas administraciones.