Marchena ha demostrado que no todo puede comprarse

Hay que aprender de los errores y dejar de politizar la justicia

La independencia judicial lleva muchos años en tela de juicio. Su mayor órgano, el Consejo General del Poder Judicial es elegido por las Cortes Generales, dejando su devenir completamente en manos de quien controle las Cámaras. Desgraciadamente, en más de una ocasión hemos visto como esto ha provocado que jueces y fiscales se encuentren maniatados por no poder actuar con total libertad ante aquel que les nombró.

El Juez Marchena se ha sacrificado por un bien mayor. Ha sabido dar un golpe sobre la mesa en un momento muy oportuno, ya que ha dado a conocer su nombre entre muchos españoles y además ha puesto a su favor a todo el poder judicial -lo cual seguramente le ayude a conseguir sus objetivos en el futuro-.

La corrupción sigue campando a sus anchas

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Lo preocupante de todo esto, es que la dimisión la ha forzado un Whatsapp que se jactaba de controlar la Sala Segunda del Supremo “desde detrás”. Con esto daba a entender que Manuel Marchena iba a estar a su disposición para todo lo que se juzgase en esa sala, ya que él la preside. Con esta información hecha ya pública, al juez solo le quedaban dos salidas, o miraba para otro lado -haciéndose partícipe de lo dicho por el senador popular- o daba la cara y salía al paso tomando la iniciativa. La decisión como hemos visto ha sido la más acertada. 

Pero el trasfondo de todo esto, es que PP y PSOE se hubieran repartido 9-11 los votos para elegir vocales del CGPJ. Por que la Constitución dice en su Artículo 117 que los jueces y magistrados deben ser “independientes, inamovibles, responsables y sometidos únicamente al imperio de la ley.” Desde en el momento que se permite al poder legislativo -Congreso y Senado- se le permite inmiscuirse en elecciones, se puede dar por hecho una manipulación inherente a tal hecho.

Quizá se consiga cumplir la exigencia de Europa

Todo este revuelo, ha causado que el PP haya sacado adelante una moción en el Senado, pidiendo volver al sistema previo al 1980, donde los jueces eran elegidos abiertamente en unas elecciones, sin ninguna intervención de las Cámaras en el proceso. Este sistema ya fue una petición de Bruselas a primeros de año, pero nadie pareció hacerle caso, mirando para otro lado para no perjudicar sus intereses. Es gracioso que quienes han armado este escándalo vayan a lavarse la cara de esta manera, pero si sale adelante, al menos, tanto Manuel Marchena como España habrán salido ganando.