Los Mossos d’Esquadra que no son independentistas están sufriendo una auténtica pesadilla desde que tuvo lugar el referéndum del 1-O.
Acosos, amenazas, insultos y sobre todo, el ser señalados por los que hasta hace unas semanas eran sus compañeros de más confianza.
Los mandos de los Mossos d’Esquadra, empezando por su mayor, Josep Lluís Trapero, diferencian a aquellos agentes que no apoyan la independencia de Cataluña, de los que apoyan el movimiento separatista del Govern.
El objetivo de Trapero y el resto de altos cargos de la policía catalana es el de evitar que se produzcan filtraciones sobre cómo van a actuar esta semana, sobre todo el martes, cuando Carles Puigdemont hable en el Parlament para declarar la independencia de Cataluña.
En los últimos días han salido numerosos Mossos d’Esquadra denunciando el acoso que sufren por la mayoría de sus compañeros separatistas, los cuales no dudaron en ayudar a trasladar urnas, esconderlas e incluso hicieron de piquetes improvisados durante la huelga del 3-O.
«Lamento no poder dar más información ya que pondría mi seguridad y la de mi familia en peligro, ya he recibido varios avisos», escribía un Mosso d’Esquadra en Twitter avisando de que sus compañeros independentistas estaban preparando un golpe serio con subfusiles.
Otros en cambio, reconocen que les «han destrozado la vida»: «Nos acosan prácticamente a diario. Malas miradas, comentarios por la espalda, nos dejan fuera de las reuniones. Estamos marginados por no creer en la independencia».
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Es una pena que algunos componentes de un cuerpo de seguridad, que ante todo debe ser imparcial y apolítico en una sociedad democrática, tomen partido de esta forma tan abierta y descarada. Esta gente no tiene escrúpulos en señalar a los que no piensan como ellos, incluso a sus propios compañeros, no sé si por intereses partidistas o meramente egoístas, pero lo que sí sé es que seres como esos no merecen ser policías. No se puede defender los intereses de unos pocos y, ya no dejar desvalidos al resto, sino presionarles y atacarles por el simple hecho de no pensar igual que la clase política dominante. Eso sí, algo bueno tiene todo esto. Al menos se han quitado la careta, y ya puede saberse quién es el auténtico policía, y quién el sicario a las órdenes del poder político. Espero, por el bien de todos los catalanes, que se limpie ese cuerpo.