La burocracia, el cáncer de España

Te levantas. Te llevan el desayuno a la cama. Te duchas. Te pones ese traje de más de mil euros. Te pones la corbata. Coges tus cosas y sales de casa. Sales de ese casoplón que siempre quisiste tener. Respiras el aire fresco y miras a tu alrededor. No puedes evitar sonreír. Una y otra vez. Has cumplido tu sueño.

Te metes en el coche y el chófer te saluda como de costumbre. Te acomodas en los caros asientos de cuero y el coche se pone en marcha. Sales de casa. Miras atrás y no eres capaz de ver tu gran casoplón porque los contundentes muros con cámaras de vigilancia que lo rodean te lo impiden. Te despides moviendo ligeramente la mano de los policías que cuidan de tu casa. Miras al frente y vuelves a sonreír. Eres genial, piensas.

Publicidad

Llegas a tu destino. Te bajas del coche y te despides del chófer. Elevas la mirada y contemplas la fachada. Controlas que has cogido todo. Entras. Entras y todos te saludan. Te conocen. Eres conocido, piensas.

Sigues caminando, pero paras en algún momento a coger el café. Está rico. Lo bebés a sorbos y disfrutas del aroma que dejas en el pasillo. Llegas a tu despacho. Dejas tus cosas en el sofá. Te reconfortadas en la cómoda silla y miras por la ventana. ¿Qué hago ahora?, piensas. Piensas mucho, al fin y al cabo, no hay nada que hacer de momento.

Mañana tienes una comida y te coges la tarde libre porque quieres ir de compras con tu mujer. Quizás mañana por la mañana tendrás que atender a algún pesado periodista. Eso te encanta, te hace sentir importante. Sin embargo finges que no te gusta. No sabes por qué, lo hacen todos.

Cuando te das cuenta ya ha pasado un buen rato. Te levantas. Estás cansado de pensar tanto. Sales de tu despacho. Vas con calma. No hay por qué tener prisa. Caminas por los pasillos y entras en el hemiciclo. Te gusta estar allí. Te sientes poderoso.

Subes las escaleras, buscas tu sillón y te sientas. Sí, otra vez.

No haces mucho, solo basta con tu presencia. De todas formas te consuela que podrás gozar de varios cientos de euros diarios. Eso te gusta.

Si te sientes identificado, eres uno de esos miles de políticos infuncionales y vagos que hay en este país. En el Congreso; en los Parlamentos, los autónomos, regionales…; en las diputaciones y los ayuntamientos…Y en Europa, sobre todo en las instituciones de la Unión.

Son esas personas que no hacen nada. Esas personas que no te ayudan ni a ti, ni a tus vecinos. Esas personas, a las que, sin embargo, les estás pagando una lujosa vida llena de comodidades. Esas personas pertenecientes a la grasa del Estado. Algo peligroso que cada vez se hace más grande y nos acabará consumiendo al final. Como un cáncer.

La burocracia, la llaman. Eso es. La burocracia, el cáncer de España.