En las últimas horas, tras conocerse la voluntad del Gobierno de Mariano Rajoy de garantizar la libre elección de la lengua en los colegios de Cataluña, los independentistas, llenos de rabia, no han dudado en defender que el «catalán debe ser la única lengua existente en la escuela catalana», e incluso para Rufián, los «fascistas» son aquellos que tratan de ofrecer varias opciones y no los que quieren imponer el catalán: «La inmersión comenzó en Sta.Coloma. Trabajadores andaluces, murcianos, gallegos, extremeños…se dejaron la piel porque sus hijos aprendieran la lengua de la tierra que pisaban. Tuvieron al fascismo enfrente. Ganaron. Ahora sus herederos también lo tenemos. Y también ganaremos».
La inmersión comenzó en Sta.Coloma. Trabajadores andaluces, murcianos, gallegos, extremeños...se dejaron la piel porque sus hijos aprendieran la lengua de la tierra que pisaban. Tuvieron al fascismo enfrente. Ganaron. Ahora sus herederos también lo tenemos. Y también ganaremos.
— Gabriel Rufián (@gabrielrufian) 16 de febrero de 2018
Como viene siendo habitual entre los independentistas, todo lo que sea distinto a su forma de pensar es «fascista».
«A ver si he entendido bien a Rufián. Los que quieren IMPONER la lengua vehícular a todos los niños catalanes son DEMÓCRATAS. Y los que quieren dar la LIBERTAD de elección a los padres son FASCISTAS. Pues vale…», se preguntaban en Twitter varios usuarios.
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Lo grave es la actitud general que los catalanes esperan que el resto del país tenga hacía el catalán, una lengua tan respetable como todas, pero de ámbito regional. Pongo ejemplos: multas de tráfico enviadas por el Ayuntamiento de Barcelona a Bilbao redactadas íntegramente en catalán (el de Valencia lo hace en valenciano y castellano), proyectos de ingeniería enviados en catalán también a Bilbao (el jefe devolvió el proyecto con una carta escrita en euskera), negativa a atender en castellano (me ha ocurrido siempre que he estado en Cataluña, pero es que si les respondes en euskera se les queda cara de gilipollas), megafonia en catalán e inglés en la estación de Sants, menús en catalán, inglés y francés pero no en castellano. Son unos pocos ejemplos, que ilustran perfectamente como se da por hecho que el resto de españoles tenemos que entender su lengua. Y francamente, no tengo porqué hablar catalán porqué ni vivo en Cataluña ni tengo una especial relación con Cataluña, ni desdeluego me plantearía vivir en Cataluña si mis hijos tuviesen que estudiar obligatoriamente en catalán.